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noviembre 24, 2012

PASAJES DE INFANCIA (V)






 En el albergue: Mampalo Barriga de Palo


Entre la edad de seis o siete años, cuando realizaba mis primeros grados de estudio en el internado del Albergue Infantil Santiago Apóstol, vivía quizás una de las experiencias más tristes y amargas de mi vida. Pero son muchas las anécdotas que guardo de aquel lugar, que a pesar de todo hoy añoro y recuerdo con nostalgia.

Dentro de esas vivencias, de aquellos días duros y difíciles de mi estancia en aquel lugar, recuerdo la de un señor que vivía al lado del albergue, y al cual le decían por sobrenombre “Mampalo”, y al que los niños también le apodábamos "Barriga de Palo”, Pues, ”Mampalo, barriga de palo" era un señor bajo, rechoncho y cabezón que tenía su casa y su corral de vacas en la parte trasera del albergue, cerca del campo yermo donde los niños jugábamos a la hora del recreo.

Como cada mañana, después de levantarse, Mampalo se dirigía sin camisa a cuidar y a vigilar a las vacas, así como a darles melaza. En ese momento la algarabía de niños se veía interrumpida. Era un espectáculo impresionante ver a Mampalo cuando llegaba, con la panzona grande y redonda y la cabezota pelada; yo no podía contener la risa, a pesar de ser callado y tranquilo, al ver como aquellos chiquillos inquietos y traviesos le gritaban una y otra vez en voz alta: "Mampalo, barriga de palo", "Mampalo, barriga de palo", mientras el pobre hombre ardía de cólera porque no podía comprender la ingenuidad de los niños. Y más nos moríamos de la risa cuando veíamos que Mampalo se caía y dejaba caer la melaza, o que de pronto se espantaba y se asustaba con el mugir de las vacas. De todo lo que recuerdo del albergue infantil, fue lo único que me hizo reír ya que el resto de la historia en aquel lugar fue motivo de soledad y tristeza para mí.

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